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Antecedentes revolucionarios de Chávez

El investigador Alberto Garrido ha estudiado ampliamente la trayectoria  de Chávez dentro de las Fuerzas Armadas. Garrido explica cómo los antecedentes de la Revolución bolivariana se remontan a la penetración de sectores de la izquierda clandestina revolucionaria en el seno de las Fuerzas Armadas venezolanas. Chávez proviene de uno de estos frentes en el seno de las Fuerzas Armadas  influidos por la revolución cubana. Estos  ingredientes unidos al ideario de la mitología bolivariana y a la de Ezequiel Zamora; al pensamiento de Simón Rodríguez y a la reivindicación del indigenismo,  constituyen la base de la ideología bolivariana muy vinculada a los movimientos guerrilleros de los años sesenta y setenta.

Cuando el gobierno de Rafael Caldera a principio de los años setenta hace un llamado a la pacificación e incorpora de manera oficial a muchos de los que antes habían estado en la guerrilla, el movimiento tradicional se fracciona entre los que toman la decisión de incorporarse a la historia oficial, como es el caso conocido de Teodoro Petkoff y los que prefieren mantenerse en la lucha clandestina con vínculos con la fracción de ese pensamiento en el seno de las Fuerzas Armadas.

Garrido explica que desde 1975 la idea de conspiración en la fracción de la izquierda radical  de las Fuerzas Armadas adquiere fuerza. En 1980 Chávez con la meta revolucionaria en mente plantea la insurrección cívico-militar. Douglas Bravo, quien desde la lucha armada clandestina había dirigido el movimiento, le cede a Chávez el liderazgo. En una reunión de las fracciones revolucionarias de izquierda, que tuvo lugar en San Cristóbal en 1985, se decide delegar en el sector revolucionario de las Fuerzas Armadas el liderazgo y operar desde el seno de las propias Fuerzas Armadas como  si éstas fueran un ente guerrillero. Cuando en 1989, al inicio del segundo mandato de Carlos Andrés Pérez, el descontento general ante la unificación cambiaria y el aumento de la gasolina empuja a los habitantes de los barrios marginales de Caracas a lanzarse a la calle y saquear negocios, Carlos Andrés Pérez da órdenes al ejército para que controle la situación. Los disturbios duran una semana con un saldo de varios centenares de muertos. Este hecho es el detonante para que la fracción del ejército dirigida por Chávez comience a trabajar a favor de un alzamiento cívico-militar. Se dice que el 4 de febrero Chávez sabotea el éxito del alzamiento cuando percibe que Arias Cárdenas pretende quedarse con el poder. Sin embargo, paradójicamente, Arias Cárdenas se opone a que se enjuicie a Chávez, cuando se dan las condiciones para ello, porque se da cuenta de que el emblema ya es Chávez. Las pugnas por el poder continúan, incluso en sucesivas conspiraciones como la del 27 de noviembre de 1992.
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