4. Arte y vida


Alexandra Meijer-Werner en el Museo Lía Bermúdez de Maracaibo

El Museo Lía Bermúdez de Maracaibo presentó una retrospectiva de la obra de la artista plástica venezolana Alexandra Meijer-Werner. Hace ahora cinco años, el 30 de mayo del 2002, Alexandra perdió trágicamente la vida en un accidente aéreo cuando apenas contaba 30 años y su obra ya había dado muestras de madurez creativa y adquiría un futuro promisorio. Esta extraordinaria exposición presentó la manera innovadora como Alexandra utilizó el video.
    
Si alguna palabra pudiera definir el acercamiento de Alexandra Meijer-Werner  al proceso creador es honestidad. Escribir sobre su obra sin tomar en cuenta a la propia Alexandra me parece, al menos en mi caso, una tarea imposible. No sólo por el hecho de que la obra de Alexandra no puede concebirse sin  el proceso de crecimiento y renovación personal por cual ella abogaba  y la valentía con la cual lo llevó a efecto sino,  además,  porque yo he sido testigo de su trayectoria tanto artística como personal.  He tenido el privilegio de tenerla cerca  y poder observar, de manera continua, la honestidad e integridad con la cual se acercó desde el inicio a esa peculiar manera de hacer arte que se refleja en su obra y que, en su caso, implica un forma innovadora  en el uso de la tecnología de multimedia como recurso artístico, poético y terapéutico.

Catalogar la obra de Alexandra Meijer-Werner no resulta fácil. El acercamiento conceptual en el uso de la imagen y el sonido se conjuga, en el caso de Alexandra, con el anhelo de  transformar el mundo a partir de la transformación individual y de su interrelación con la transformación colectiva. Sus diversas instalaciones son el marco de un  diálogo  que se entreteje en una gran malla cuyos hilos somos todos, incluyéndola a ella y a los artistas y gentes que colaboraron en la realización de los distintos videos, como símbolo de la humanidad en su conjunto. En esos videos adquieren especial importancia los elementos básicos: tierra, aire, fuego y agua, así como los ritos impuestos por la tradición y la cultura. Y para lograr esa experiencia sensorial y consciente es indispensable el cuidado de la poética de la  imagen  que, desde el punto de vista estético y creador, cumple su cometido: no dejar indiferente al que se sitúa frente a ella. La armonía y belleza de muchas de esas imágenes, así como el elemento desgarrador de algunas de ellas, unido a la atmósfera de sus instalaciones, son el recurso de la artista para involucrar al espectador en la obra; interacción  indispensable en el trabajo de Alexandra Meijer Werner. En este sentido, sus instalaciones son doblemente innovadoras porque diluyen la dicotomía entre obra y espectador. En el caso de Alexandra, me atrevería a decir que la obra no tiene vida propia sin la interacción de la mirada y la entrega del otro, que la completa y permite que la transformación a la que ella aspira, se dé.

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